Eduardo Stupía. Febrero 2008.

Brainstorm

Eduardo Stupía
Febrero 2008

Con arrolladora obstinación, y los exasperados recursos de un dibujo fastuoso, Claudio Herrera urde una telaraña sin centro, que parece querer abismarse alusivamente en conflictivos estratos de significación, abordados elípticamente aunque también con la directa elocuencia de frases y palabras emblemáticas, que irrumpen en la geométrica escritura de ese entretejido aparentemente tan homogéneo para desgarrarlo irreversiblemente. El Herrera lírico se atormenta conviviendo con el militante, que se melancoliza en una fría, cínica letanía dibujada; una ávida, ansiosa subjetividad atropella saturada de los reflejos de la historia, los fenómenos sociales y la política, a los que Herrera les congela los privilegios de contenido jerárquico, esquivándolos o bien toreándolos en un combate ácido, esquelético, de humor desencantado.

Una colección electrizada de líneas transforma exhaustivamente la solidez del plano en un crepitar óptico, al que sólo aplaca una paleta delicada en transparencias y superposiciones, casi siempre cauta y recogida, pero que eventualmente chirría con una saturación y una distorsión acordes con esa vocinglería de manifiesto extraviado, hundido en la propia argamasa que le ha dado cuerpo. 

Volátil o abrumadora, densa o etérea, sólida o resquebrajada, esta operática foresta se expande ensimismada en los cautivantes signos de un alfabeto gráfico innumerable, cocinada entre referencias, citas, textos fragmentados, fotos pegadas. Las trazas, redes y cicatrices de la febril poesía de Herrera son pura descarga, la desesperación por esbozar una suerte de anónimo, conjetural testamento colectivo, la urgencia por expresar el canon de una era terminal bajo la forma de un lenguaje en crisis.