Algunas palabras. Ileana Stofenmacher

Algunas palabras1

Ileana Stofenmacher
Marzo 2013

Una obra, si logra plasmar en su superficie algún tipo de verdad; estará en ese movimiento captando una dimensión del impulso vital del artista. La obra es el accionar exhuberante de quien transita la existencia a partir de una pasión, que se manifiesta como imprescindible necesidad expresiva, tejiendo mundos de sentidos a veces intencionados y otras azarosos en una caótica materia que se deja  formar bajo la mano apasionada y amorosa  del creador de mundos.

No hay modo más sincero de transitar la existencia que hacerlo a través de la pasión. Acaso porque su potencia, aunque siempre ardiente, mantiene vivo a quien la experimenta, hace caminos, crea senderos a veces invisibles e impulsa a la pregunta que pone a la vida en el lugar principal bajo la forma en la cual las singularidades se vean convocadas a decir.

El artista es aquel que elige transitar un camino riesgoso, sinuoso y en perpetua transformación; un camino que no lo preexiste, aunque trace filiaciones y amistades trans-históricas con los artistas que lo antecedieron y con aquellos que, en el espiral del tiempo, se verán interpelados por sus trazos, sus imágenes y sus relatos. La singularidad es una consecuencia de un precipitarse hacia las propias preguntas, sensaciones y obsesiones que abrirán camino en la tela conformando un temple y un estilo.

Claudio arde en su obra como un hacedor de imágenes; sincero, apasionado, obsesionado por sus preguntas históricas que son intensas interpelaciones sobre el hombre, su lugar en el mundo y meditaciones a veces exasperadas sobre su estatuto, como ser potencialmente libre frente a los condicionamientos que el mismo ha construido a lo largo del tiempo. La crítica al estado del mundo, un desprecio hacia los valores burgueses incluyendo el carácter del sujeto como consumidor, destructor o motor del desastre, convive con una mirada algo descreída sobre lo humano.  

Fortalecida por el ímpetu de quien se ha reconocido en un amor ineludible por un quehacer, la presencia de Claudio emerge indeleble de su obra que no es más que una manifestación orgánica de su vida. Obra plena de sentidos inasibles, aún para quien se convierta por un rato en un intrépido y atento arqueólogo visual, animado a sumergirse en la profundidad de sus pinturas: complejos palimpsestos de universos y tiempos dispares. El impacto sensible es el colchón de lecturas móviles que se desencadenan de los vaivenes de las formas, los colores y los planos; o de la percepción de los detalles, o de la visualización de los espacios, o de la intelección racional de ciertas referencias. Pero se sabe que, si una obra es poderosa, logrará su efecto revulsivo sin importar la capa que conecte al eventual descifrador de signos. Quizás porque su aspiración sea despertar algún tipo de interrogación y afectación que esté en las antípodas de una indiferencia homogeneizadora.

Paciente diseñador de paisajes psíquicos y materiales; conjuga una racionalidad constructiva y una meticulosidad del detalle, con una sensibilidad algo más controlada; logrando como su efecto que lo intempestivo emerja. Su despliegue pictórico centellea energía a través de impactantes atmósferas coloreadas que proyectan emoción, violencia y belleza consideradas como aquello que transita lumínicamente por fuera de la vulgaridad de lo igual.  

La complejidad pictórica de su obra y la erudición que plasma a través de un trabajo de citas y homenajes -en su mayoría ligado a figuras revolucionarias y a singulares bandas de música de los 60 y 70-; sus quiebres simbólicos a través de distorsiones por medio de collages, inscripciones con tinta y pintura; no impiden un acercamiento netamente sensible a la imagen. Una de las figuras que aparece en su obra es el cuerpo femenino desnudo, atravesado por la homogeneización del deseo que lo convierte en mercancía en las revistas de modas o pornográficas. Una y otra vez, los recortes de sus anatomías aparecen re-contextualizados en las telas, subvirtiendo las lógicas fetichistas bajo las cuales fueron dadas a luz.

Curioso es que una técnica como el collage, tan utilizada en la edad infantil, resulte un arma capaz de embestir con una fuerza primaria contra lo establecido, destruyendo fetiches y trastocando figuras. Su espíritu revulsivo cobra vuelo a través de las operaciones de mezcla y reconfiguración de las cuales emergen “monstruos” que hacen tambalear al status quo y que susurran, a veces bajo formas inocentes, la transformación como posibilidad y la realidad como móvil construcción.

Claudio profesa el gusto por el conocimiento bajo las formas privilegiadas de la lectura y la música. Sin embargo, lo que podría verse como un espíritu elitista, se convierte en alimento de sus aventuras sensibles e intelectuales trenzadas en las imágenes. Si un supuesto conocimiento se corresponde a un afán acumulativo, adhiere a su reducción en una colección ordenada de informaciones que responde a una presión reguladora de las imaginaciones. Pero lo que aquí prima es un entramado de complejidades, adherido a la estrategia de transitar por fuera de ciertas lógicas comunicativas que subestiman la capacidad interpretativa del sujeto. Así es que los saberes históricos, sociológicos y hasta literarios que constituyen algunos de los elementos de su poética; contribuyen a la prodigalidad de una voluntad estética que aspira al movimiento y a la indeterminación.  

En este mapa de flujos y corrientes perpetuas convive la prodigalidad con la exigencia; es libre de ver quien mira, pero es impelido a devolver en esa dialéctica y dinámica donación de sentidos con una mirada aguda y propia que escape de las tendencias embrutecedoras. Resulta una virtud inestimable, la de inscripto su cuerpo en sus telas y expuesta allí su personalidad estética ligada a un quehacer ético y netamente político, impulsar a quien mira a la revolución de las conciencias y de las sensibilidades.  

Difícil es imaginar a Claudio por fuera de su quehacer artístico. He aquí uno de esos casos en los que un hacer particular es el pneuma vital de quien vive, definiendo la tonalidad de su vibración material. Y es en el arte donde él se siente más seguro para hacer experiencia fluyendo orgánicamente sobre la tela y escamoteando al cuerpo de la clausura que diluye lo único en lo masificado, propiciando estéticas decadentes que hablan de la supresión de las voluntades singulares, imprescindibles para desandar caminos autoritarios.

Aventurado indefectiblemente al universo del arte, juega a transformar la fulguración del instante en la perpetuidad del devenir: esto es trabajando sin premura sobre el misterio de la tela y la imaginación, en un alumbramiento agotador y placentero que sustrae a su trabajo del tiempo utilitario y alienado del trabajo capitalista.  

Solo a modo de ejercicio lúdico, se podría vislumbrar en la figura del dandi un ropaje vital que en ciertas ocasiones podría vestir a Claudio. Una estética de la extravagancia y una ética de la elegancia hallan refugio en el cuerpo de ese caminante extranjero y aristocrático de aires irónicos y melancólicos; que intenta imprimir en su práctica artística el gesto voluntario de la soberanía frente a los valores opresivos de un capitalismo voraz.

La proyección de paisajes arquitectónicos, la construcción minuciosa de espacios que a veces emulan geografías artificiales y otras tantas construyen artificios alrededor de paisajes que convocan a la naturaleza en su belleza plácida o bajo la forma de la catástrofe; aparecen como una clave importante para intuir al artista. Esas telas proyectan mágicos espacios materiales y simbólicos sobre los cuales se adivina la intensidad de un trabajo ideológico y pictórico. Configuraciones espaciales terrestres algunas y extra planetarias otras; emergen impactantes desde la invisible blancura de las telas.

Por algunos momentos el artista se transforma en el demiurgo de geografías futuras que albergan utopías del mundo, empujando hacia los márgenes en los que surgen como “un fuera del mundo” y un “fuera del tiempo”, frente a la petrificación de lo real. En esa mezcla de magia y ciencia de quien navega las aguas turbulentas del pasado y se transporta en una máquina ideal hacia lo imposible, Claudio manipula tiempo y espacio, construyendo mapas que ficticiamente cambian el acontecer del mundo. Quien puede saberlo, quizás de nuevas formas imaginativas puedan advenir futuros desconocidos aún y que alberguen, misteriosos, la utopía de otro tipo de bienestar.

Tal vez sea solo la expresión de una intuición, pero la composición de sus topografías, a veces parecen albergar tiernos intentos por hallar en esa materialización de imaginarias geografías, ese sencillo y cálido emplazamiento vital constituido bajo la forma del hogar. Un espacio psíquico, corporal y emocional que lo deje conjugar el brío de ese impulso que lo derrama solitario en sus creaciones, y la necesidad muy humana de reconocerse en un espacio de afectos, abrigo y felicidad para descansar de cierto ascetismo social y de un exilio mental que por momentos lo asoma al abismo de un estado de deslocalización y desamparo existencial.


1 Creo que la escritura verdadera es un modo del pensamiento y una forma privilegiada de producir imágenes sensibles. Aquí entonces, me siento frente a un dilema que se presenta con actualidad: cómo producir un discurso afectivo que dé cuenta de una tarea artística visual sin clausurarla.  Cómo rozarla sin limitarla dejando afectar mi habla por sus imágenes que dicen por sí mismas sin precisar de ningún aluvión de palabras que las refieran. Es este entonces, apenas un intento posible.